Un productor rural encontró dos animales con cortes «quirúrgicos» y asegura que no había ni una gota de sangre en el lugar. «Parece cortado con láser», afirmó.

Elvio Vicentin, un productor de la zona de Lanteri, no sale de su asombro tras encontrarse con una escena digna de una película de ciencia ficción. Al comenzar su jornada habitual, halló dos de sus ovejas muertas con mutilaciones severas y características que, según él, desafían cualquier explicación lógica.

Cortes precisos y ausencia de sangre

Lo que más llamó la atención de Vicentin fue la precisión de las lesiones. «Es como si estuviera cortado con láser. Ni con un cuchillo se hace un corte así», describió el productor. Una de las ovejas presentaba la remoción completa de la zona de la paleta y costillas, mientras que la otra tenía daños profundos en la cabeza.

Sin embargo, el dato más escalofriante es la falta de rastros hemáticos: «No hay una gota de sangre. Es como que la chupó», expresó, alimentando inevitablemente las comparaciones con el mito del «chupacabras», aunque él mismo se reconoce escéptico ante esa hipótesis.

Comportamiento extraño y antecedentes

El resto del rodeo también parece haber sentido el impacto. Según relató el dueño, las ovejas sobrevivientes se muestran asustadas y se niegan a entrar al corral donde ocurrió el episodio.

Vicentin descartó el ataque de depredadores comunes, ya que no hubo señales de lucha, rasguños en el cuero ni reacción de sus perros durante la madrugada. Además, recordó que un familiar directo sufrió un hecho idéntico con una vaca tiempo atrás, lo que suma más misterio a la situación en la región.

¿Qué dicen los especialistas?

La explicación científica comenzó a consolidarse en 2002, cuando aparecieron numerosas denuncias de animales mutilados en La Pampa y en el centro y sur de Córdoba. Los casos, caracterizados por la ausencia de ubres, lengua, órganos reproductivos y otros tejidos blandos, fueron rápidamente asociados con una nueva ola del mito del «chupacabras».

Ante la repercusión, el entonces presidente del Senasa, Bernardo Cané, impulsó una investigación para reproducir el fenómeno en condiciones controladas.

Para ello, colocaron el cadáver de un animal recientemente muerto en las sierras de Tandil y montaron un puesto de observación con visión nocturna.

Durante el seguimiento detectaron la presencia de pequeños animales alimentándose del cadáver. Tras capturarlos y enviarlos para su identificación a la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Buenos Aires, el resultado fue concluyente.

«El dictamen determinó que se trataba del hocicudo rojo, un pequeño roedor carroñero que aumenta su actividad durante los años secos y fríos. Es un animal agresivo al alimentarse y consume tejidos blandos», explicó Cané.

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