Europa es un lugar cercano para gran parte de la población argentina, ya que muchos tenemos nuestras raíces allí.
Es la España, que tantas veces nos mencionaban en la escuela como la “Madre Patria”, y que nunca nos explicaron suficientemente, o no nos hicieron pensar profundamente ¿por qué la cambiamos por Reino Unido? También, porque fue esa otra España, que, por la miseria en que vivían gran parte de su población, ya lejos del Imperio que había sido, nos volvió a mandar su gente, escapando de esa pobreza y de las tantas revueltas, guerras, revoluciones y de las profundas divisiones políticas, que culminó en la triste y dolorosa guerra civil 1936/39.
Italia, con gran fuerza y presencia también nos nutrió fuertemente con su sangre, pero también de Francia, Alemania, y de tantos otros países europeos salió su gente, buscando un destino mejor en tierras americanas… Así, desde la segunda mitad del siglo XIX, nos llenamos de europeos que escapaban de tanta violencia y pobreza europea.
Luego de eso, llegó su reconstrucción de posguerra, lograda con gran sacrificio de los que se quedaron y sobrevivieron, y con gran apoyo norteamericano luego de 1945. Así, su población ingresó paulatinamente en lo que se llamó el “estado de bienestar”: una política general con centro en el ser humano, y en la cobertura de sus necesidades. Ello era necesario geopolíticamente para EEUU: Europa debía exhibirse como el éxito del capitalismo occidental frente a los países de la órbita comunista.
Ese éxito económico y social, transformó a Europa del Oeste, y empezó a ser un imán. Así, al viejo continente llegó gente de todo el mundo, como bumerang, y con más fuerza que con la que ellos sembraron América.
Pero Europa, la creadora del cristianismo y su institución eclesiástica, y del llamado pero difuso “pensamiento occidental”, fue recibiendo, y lo sigue haciendo, a migrantes, en muy gran parte no perteneciente a dicho ámbito cultural, como asiáticos y africanos, con costumbres disímiles y mayoritariamente de religión musulmana. Son ellos quienes ahora escapan de miserias, hambrunas, guerras, revueltas, y distintas circunstancias que no les permiten ver un futuro mejor en sus países de origen. Pero, a diferencia de cómo los países americano lo hicieron, Europa no logra digerir, amalgamar, y adoptar a esos “distintos” como su nueva gente. Si se resistió a los iberoamericanos, llamándonos despectivamente “sudacas”, ¿cómo podrán hacer para aceptar a quienes son tan distintos? Obviamente que hay excepciones, ya que, quienes llegaron con niveles mayores de educación pudieron hacerse un lugar; pero los más, los no instruidos, los más pobres, y quienes sobrevivieron primero a su escape del lugar de donde partieron, y luego al trayecto hacia Europa, no logran insertarse en la sociedad europea.
Esa falta de absorción, en parte, es producto de las propias limitaciones de los llegados, por su férreo respeto a sus costumbres y religión, pero mayor y principalmente es producto de la falta de voluntad política de los niveles dirigenciales para promover mecanismos de asimilación, porque si bien hay partidos políticos que no se oponen a ello, en general, Europa no se ha desligado totalmente de su pensamiento, macerado en ya centenarias conductas de avasallamiento humano. La esclavitud que aplicaron, y la discriminación que ellos hicieron (con la honrosa y no reconocida virtud, como excepción, de la España virreinal) determina que la xenofobia sea moneda corriente, que admitan y toleren la existencia de verdaderos guetos de inmigrantes, y que grandes sectores de la población más “europea” se oponga a la inmigración (y la combata), temerosos de perder su posición, sus trabajos, y sus costumbres.
Y como si toda este aspecto humano y social fuera poco, hoy la cuestión económica juega fuertemente en contra de la posibilidad de corrección de dicho rumbo. Europa ya no es motivo de interés geopolítico para EEUU, o lo es solo secundariamente. El centro de preocupación es el área Asia-Pacífico, con una China preponderante, y prepotente en lo industrial y comercialmente, quien, junto a otros países asiáticos, también están evolucionando económica y tecnológicamente, como pueden ser India y Rusia, seguidos algunos escalones más abajo, por Turquía, Irán, Azerbaiyán, Arabia Saudita, Indonesia, Vietnam, Singapur, las Corea, o Taiwán, por ejemplo.
Además, la invasión de Ucrania por Rusia desnudó las grandes deficiencias y debilidades de la otrora Europa poderosa. Nos enteramos de que no tiene capacidad de defenderse por sí sola, de retener sus empresas, y de coordinar acciones con sus propios socios europeos. No tiene peso ni fuerza para enfrentar las agresiones (¿traiciones?) de su ex socio norteamericano. Y como si ello fuera poco, fue la misma potencia estadounidense (asociada en esto con Reino Unido) quien le cortó su vínculo con su esencial proveedora energética: Rusia. Sí, su lógico socio y proveedor natural hoy es su enemigo, porque su miopía geopolítica, y la cooptación de su clase política dirigencial, por actores económicos supranacionales (como BlackRock, por ejemplo) la dejó “sin el pan y sin la torta”. Lo que Biden hizo “muy políticamente” y con “buenos modales”, Trump lo aceleró abierta, desfachatada, y humillantemente.
Entonces, esta combinación de factores humanos, sociales, económicos y geopolíticos, nos hacen preguntarnos si Europa sabrá y podrá sobreponerse.
Si lo consigue, para lo cual sí o sí deberá conformar una nueva base social e incorporar a sus hoy “indeseables”, y cambiar las viejas prácticas de dominación, podremos verla otra vez en el ruedo internacional, como un actor fundamental para el equilibrio mundial. Y en ese hipotético escenario, el papel de Iberoamérica podría ser trascendental, ya que por nuestras raíces es nuestro socio natural, mucho más que Norteamérica.
Mientras tanto, Europa debe cambiar, y aún no vemos que lo esté consiguiendo, por eso el título de esta nota, preguntándonos si está en caída libre. No se pueden hacer vaticinios, pero la población segregada o no querida pasará a ser mayoría pronto, y si no se la asimila la presión podría ser incontenible, y sus efectos imprevisibles.
Jorge Horacio Colombo – 14.342.444 – jhcolombo@gmail.com – 17/08/2025.
