Después de más de cuatro décadas como bioquímico, Rivarossa se volcó a la investigación histórica y escribió «Perdiste, Juan», un libro que recupera la vida de “Chicho Grande”, sus años en Gálvez, su abuela trabajando en casa de los Galiffi y los vínculos que construyó en nuestra ciudad el que, para muchos, fue el «Rey de la Mafia» en Argentina.

Jorge Rivarossa es conocido en Gálvez por su trayectoria como bioquímico y por su participación en distintas actividades de la comunidad. Sin embargo, después de jubilarse comenzó a transitar una faceta que hasta entonces no era tan conocida: la de escritor e investigador de historias.
Su primer libro, «Perdiste, Juan», está dedicado a Juan Galiffi, conocido como “Chicho Grande”, una de las figuras más emblemáticas de la mafia en la Argentina. La obra pone el foco especialmente en el período en que Galiffi vivió en Gálvez, donde nació su hija Agatha.
Una pasión que nació en la infancia
La escritura apareció en Rivarossa como una consecuencia natural de una pasión que lo acompañó desde chico: la lectura.
“Desde muy chico me gustó mucho leer. Vivía en ese barrio fantástico que es el barrio Ceci y siempre me quedaba mucho tiempo leyendo las revistas que en aquel momento eran mexicanas, de historietas”, contó durante la entrevista.
Con el tiempo, ese interés se amplió a los libros. En la escuela tuvo contacto con las obras de Emilio Salgari, especialmente las aventuras de Sandokán, que eran lecturas destinadas a los adolescentes.
“Siempre me gustó mucho leer. En aquella época, en la escuela, había una colección un poquito más grande, de Emilio Salgari, que eran cuentos para adolescentes. Toda la vida leí”, recordó.
La escritura, en tanto, fue apareciendo de a poco. Rivarossa explicó que siempre le gustó “tirar algunas líneas” sobre distintos temas, pero que recién después de jubilarse decidió darle mayor espacio a esa actividad.
El paso del laboratorio a la historia
Aunque dejó la actividad cotidiana del laboratorio después de más de cuarenta años, reconoce que todavía mantiene contacto con sus jóvenes socios y continúa vinculado de alguna manera con ese mundo.
“Yo no es cierto que me he liberado, porque todavía sigo conversando con mis socios jóvenes del laboratorio”, señaló entre risas.
Una vez jubilado, comenzó a buscar actividades relacionadas con otros intereses que siempre había tenido. Uno de ellos era la historia, por lo que tuvo la posibilidad de realizar una diplomatura sobre la Historia Argentina del siglo XIX, vinculada con la propuesta del historiador Felipe Pigna y la Universidad de Buenos Aires.
“Ahí estuve estudiando mucho y eso me abrió la puerta para buscar las historias del siglo XIX y principios del XX que habían sucedido en el país”, explicó.
Fue entonces cuando se encontró con la historia de la mafia en la Argentina y con Juan Galiffi, uno de sus principales protagonistas.
Una historia vinculada a su familia
El interés por Galiffi no surgió únicamente de la lectura. También tuvo como punto de partida un recuerdo familiar que Rivarossa escuchó desde niño.
Su abuela Sebastiana había trabajado como sirvienta en la casa de Galiffi durante los años en que la familia vivió en Gálvez. Por eso, Jorge sabía desde pequeño que aquel personaje, cuya vida luego quedaría rodeada de leyendas, había tenido una relación concreta con nuestra ciudad.
“Yo sabía de chico que había vivido en Gálvez porque mi abuela Sebastiana había trabajado de sirvienta en la casa de Galiffi cuando Galiffi vivió acá. Cuando Ágata nació, ella ya trabajaba ahí, la vio nacer y crecer», relató.

A partir de ese dato comenzó a preguntar, revisar libros, buscar información y revolver documentos. Con el tiempo, esas averiguaciones fueron tomando forma y se transformaron en un libro.
“Me puse a escribir y esto empezó a salir, a tomar forma, sin ninguna pretensión. Lo hice un poco por mí y para compartirlo con amigos y algunos familiares”, explicó.
La respuesta de quienes leyeron el material fue muy positiva y lo alentó a continuar.
“Me reconforta muchísimo porque lo hice, ya te digo, con bastante pudor. Lo hice nada más que por una cuestión personal, para juntar viejas historias reales, y me pareció que valía la pena plasmarlas en un libro”.
Galiffi y su llegada a Gálvez
Durante la entrevista, Rivarossa compartió su mirada sobre la llegada de Galiffi a la Argentina y su posterior instalación en Gálvez.
Según explicó, como muchos inmigrantes italianos, Galiffi habría llegado desde Sicilia en un contexto de pobreza y hambre. Durante las últimas décadas del siglo XIX, numerosos italianos arribaron al país y se apoyaron en familiares, amigos o paisanos que ya se encontraban instalados.
“Muchos italianos vinieron escapando del hambre. Los que tenían gente conocida de Sicilia, que ya estaba acá, se acomodaban con esos paisanos”, señaló el autor del libro.
Galiffi se instaló primero en Buenos Aires y luego se trasladó a Rosario, donde tenía contactos provenientes de Sicilia. Sin embargo, de acuerdo con la reconstrucción realizada por Rivarossa, comenzó a involucrarse en actividades que incomodaban a otros integrantes de esa comunidad.

“Como comienza a hacer algunas tropelías y deja los dedos marcados, los padrinos de Rosario le dijeron que no podía quedarse porque estaba dejando expuesta a mucha gente que no tenía ningún interés en quedar expuesta”, relató.
Galiffi tenía un hermano que ya vivía en Gálvez. Por ese motivo, sus contactos rosarinos le recomendaron trasladarse a nuestra ciudad.
“¿Por qué no te vas a Gálvez y ves qué podés hacer?”, le habrían sugerido.
Su llegada se habría producido alrededor de 1890, cuando tenía aproximadamente 24 o 25 años. “No era ningún pibe cuando vino”, aclaró Rivarossa.
Su hermano lo presentó entre sus conocidos y Galiffi comenzó en Gálvez una vida sencilla como peluquero. Más tarde instaló una fonda junto a su esposa, en un lugar que, según recordó el escritor, se encontraba donde actualmente funciona una verdulería, en lo que hoy es la intersección de calles Rivadavia y Lisandro de la Torre.

Un hombre querido y respetado
Uno de los aportes más interesantes de Juan, perdiste es la reconstrucción de la imagen que Galiffi tenía en Gálvez. Frente a los relatos posteriores, que lo convirtieron en una figura asociada exclusivamente con la mafia y el delito, los testimonios locales lo recuerdan como un vecino con influencia, pero también solidario y protector.
Rivarossa mencionó especialmente a William Alcaraz, con quien conversó sobre la historia de Galiffi y las versiones que circularon durante años en la ciudad.
Alcaraz le explicó que los relatos sobre túneles y otros hechos misteriosos no eran ciertos.

“En Gálvez hizo una vida de buen vecino. Era un tipo con el cual no te podías meter, pero tenía sus amigos y su gente”, resumió el escritor.
También recordó testimonios vinculados con la familia Velázquez. Según relató, el abuelo de Ricardo Velázquez (Ruso) defendía a Galiffi cuando alguien hablaba mal de él, debido a los favores y la ayuda que había recibido.
En el caso de la abuela de Rivarossa, el vínculo fue aún más directo. Sebastiana era madre soltera y trabajaba para la familia Galiffi. La esposa de Juan, según el recuerdo familiar, la ayudaba y le entregaba distintos elementos para acompañarla en esa situación.
“Mi abuela me contaba que la señora de Galiffi siempre la ayudaba, le daba cosas y siempre fueron muy buenos con ella”, recordó.
Rivarossa también señaló que Galiffi intervenía para resolver conflictos y proteger a personas de su entorno. Incluso habría tenido llegada a hombres vinculados con el ámbito rural, en una época en la que se producían robos en los campos.
“Si alguien hablaba mal de Galiffi, el abuelo del Ruso era capaz de trompearlo, por los favores que le hacía y por cómo los trataba”, contó.
El nacimiento de Agatha
Agatha Galiffi nació en Gálvez. Durante sus primeros años fue cuidada por la abuela de Jorge, quien la recordaba como una niña muy linda y traviesa.
“Mi abuela cuidó a Agatha cuando era bebé y cuando era más grande. Siempre me contaba que era una chica muy traviesa y muy linda”, relató.
Con el paso del tiempo, Galiffi comenzó a ampliar sus negocios. Gálvez, según la mirada de Rivarossa, quedó pequeña para sus ambiciones económicas y decidió trasladarse nuevamente hacia Rosario.
“Cuando sus pretensiones de crecer hicieron que Gálvez le quedara chica, nació Agatha acá y después él decide crecer en sus negocios”, explicó.
Galiffi habría dado entonces un salto hacia los negocios inmobiliarios y el manejo financiero. También buscó para su hija una educación en Rosario. “Se la lleva a Agatha a Rosario para que estudie y tenga acceso a mejores escuelas”, señaló.

La historia y la leyenda
Rivarossa diferencia claramente la investigación sobre Juan Galiffi de las versiones posteriores sobre Agatha.
Para escribir Juan, perdiste, buscó documentación, consultó distintas fuentes y recopiló testimonios. Esa información forma parte de la bibliografía utilizada en el libro.
“En el caso de Galiffi me ocupé de buscar toda la documentación”, explicó.
En cambio, sobre Agatha prefirió no realizar afirmaciones definitivas porque no contaba con el mismo respaldo documental.
“En el caso de Agatha, yo esto lo cuento por cosas que escuché, pero no tengo documentación y tampoco me ocupé de investigarlo”, aclaró.
Con el tiempo, la vida de Agatha quedó asociada a distintos episodios delictivos, entre ellos su presunta relación con personas vinculadas al mundo delictivo en Rosario y un asalto a un banco en Tucumán, donde se habría construido un túnel.
A partir de esos hechos comenzaron a mezclarse distintas versiones, películas y relatos periodísticos que fueron construyendo una imagen cada vez más fantástica alrededor de su figura.
“Se empezó a mezclar todo y se generó una situación de crecimiento un poco fantástico sobre la vida de la flor de la mafia”, sostuvo Rivarossa.
Por esa razón, su investigación se concentró en Galiffi y en su paso por Gálvez: la muerte de su hermano, sus familiares, sus amigos, sus negocios y los vínculos que construyó durante los años que vivió en la ciudad.
La prensa y la caída de Galiffi
Otro de los ejes de Juan, perdiste es la relación entre la historia de Galiffi y el contexto político y social de la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX.
Rivarossa explicó que en aquel momento la prensa tenía un poder enorme. Mencionó especialmente al diario Crítica y a su propietario, Natalio Botana, a quien describió como un empresario con gran capacidad para manejar la información.

Según la reconstrucción del escritor, después del secuestro y asesinato de una persona perteneciente a la alta sociedad, las autoridades encontraron a hombres que alguna vez habían formado parte de la mafia siciliana. Sin embargo, Rivarossa sostiene que Galiffi no tenía relación con ese hecho.
La situación habría sido aprovechada por Botana, quien buscaba quedarse con negocios vinculados al hipódromo que Galiffi tenía en Montevideo y Buenos Aires.
“Con la prensa, con el diario Crítica, empezaron a hacer el trabajo de decir que Galiffi era quien había secuestrado a esa persona y que era el enemigo público número uno”, relató.
Galiffi logró escapar a Montevideo, pero allí recibió un mensaje de uno de sus amigos más cercanos, quien le advirtió que no tenía posibilidades de enfrentar el poder que se había concentrado en su contra.
“Juan, perdiste. Volvete porque no tenés remedio, no te vas a salvar. Tienen los jueces, tienen la Policía, tienen el diario”, le habría dicho.
Para Rivarossa, ese momento marca el comienzo de la decadencia de Galiffi.
La Ley de Residencia y el contexto político
La historia de Galiffi también le permitió a Rivarossa analizar la Argentina de la Generación del 80, el proceso de organización del país y el lugar que ocupó la inmigración.
En ese período, la Argentina atravesaba un proceso de transformación institucional y social. La llegada masiva de inmigrantes convivía con el intento de ordenar un país que todavía estaba en plena construcción.
Dentro de ese contexto apareció la Ley de Residencia, que permitía expulsar del territorio a inmigrantes considerados peligrosos o sospechados de cometer delitos o participar de actividades políticas.
“Si encontraban a un inmigrante del que sospechaban que había cometido algún delito, inmediatamente lo echaban”, explicó.
Para Rivarossa, Galiffi quedó atrapado en esa estructura. Era un inmigrante que había logrado crecer económicamente y que también había construido vínculos políticos, algo que podía resultar incómodo para los sectores de poder.
El escritor también mencionó la influencia que Galiffi habría tenido en el departamento y su participación en una disputa electoral vinculada con sectores relacionados con Lisandro de la Torre.

De esta manera, la historia personal de Galiffi se cruza con la historia general del país: la inmigración, la construcción del poder, el papel de la prensa, la organización política y la necesidad de encontrar responsables en una sociedad todavía en formación.
“Galiffi entra dentro de esa situación estructural del país. Si había alguien a quien echarle la culpa y era inmigrante, mejor”, reflexionó.
Nuevos proyectos
La experiencia de escribir Juan, perdiste despertó en Rivarossa el deseo de continuar trabajando en nuevos proyectos literarios.
Entre sus ideas aparecen algunos cuentos relacionados con su niñez y adolescencia, además de una historia sobre su abuelo, Alfonso Pérez.
Su abuelo fue un inmigrante español que llegó a la Argentina aproximadamente en la misma época que Galiffi. Sin embargo, llevó adelante una vida marcada por el trabajo y nunca pensó en regresar a España.
“Lo notable de Don Alfonso Pérez es que nunca quiso volver a España. Nunca se le pasó por la cabeza querer volver”, contó.
Para Rivarossa, allí también existe una historia que merece ser contada. Aunque todavía no sabe cuándo podrá escribirla, la idea forma parte de los proyectos que lo mantienen activo.
El libro Juan, perdiste puede conseguirse en la ciudad, donde hay ejemplares disponibles para la venta en «Entre Comillas», y también se encuentra en la biblioteca local para quienes quieran consultarlo.
Escribir para seguir teniendo proyectos
“Me hizo bien porque me entretiene. Siempre es bueno tener un proyecto. Cuando uno empieza a perder los proyectos, la realidad no está buena”, reflexionó Jorge.
Después de más de cuarenta años dedicados a la bioquímica, Jorge Rivarossa encontró en la escritura una nueva manera de mirar su ciudad, reconstruir historias y compartirlas.
Con Juan, perdiste, recupera una parte poco conocida de la memoria de Gálvez y propone distinguir entre los documentos, los testimonios y las leyendas que se fueron acumulando alrededor de Juan Galiffi y su familia.
Una historia que comenzó como una inquietud personal y que hoy se transforma en un aporte para conocer mejor el pasado de nuestra ciudad y de sus protagonistas ✍️.