Se cumple un aniversario más de la muerte del gran artista cuya infancia transcurrió en nuestra ciudad, que siempre lo recuerda con gran efecto.

Ariel Ramírez falleció el 18 de febrero de 2010 en Monte Grande, provincia de Buenos Aires. Fue una de las figuras centrales de la música popular argentina del siglo XX.

Hijo de Zenón Ramírez, maestro, periodista y escritor, y de Rosa Blanca Servetti, también maestra, nació en la ciudad de Santa Fe el 4 de septiembre de 1921, en un entorno familiar donde la educación y la cultura ocuparon un lugar preponderante. Desde muy joven se vinculó con la música a través del piano, instrumento que marcaría de manera definitiva su identidad artística.

 Su historia con Gálvez se inicia de niño. Cuando apenas tenía cuatro años su familia se trasladó a Gálvez, por el trabajo de su padre como director de escuelas- La Escuela Fiscal N°290 fue el destino de papá Zenón, y el niño Ariel viviría con él allí, donde un piano marcaría para siempre su vida.

​Dicen que tenía 8 años cuando aprendió a tocar el instrumento que lo llevaría a recorrer el mundo y a ser uno de los más grandes autores e intérpretes de la música argentina.

Jaime Torres, Mercedes Sosa, Ariel Ramírez y Félix Luna fueron pilares fundamentales del folclore argentino.

Su formación musical combinó estudios sistemáticos y una intensa experiencia de aprendizaje vital. Se recibió de maestro normal, cumpliendo con el mandato familiar, y más tarde profundizó su formación musical en Buenos Aires, donde estudió composición con Luis Gianneo y Erwin Leuchter, con quien también se perfeccionó. El propio Ramírez señaló en distintas entrevistas que esa doble formación —pedagógica y musical— fue clave en su carrera musical: “El magisterio me dio una formación. Después, todo lo demás me lo dio la vida”.

Un momento decisivo en su trayectoria fue el consejo que recibió de Atahualpa Yupanqui, quien lo alentó a viajar al norte argentino para conocer de primera mano los ritmos y estilos populares. Ese recorrido por provincias como Jujuy y Tucumán le permitió tomar contacto directo con músicos, copleros y expresiones tradicionales, experiencia que se convertiría en una matriz fundamental de su lenguaje creativo. A partir de allí, Ramírez desarrolló una obra que respetó la raíz popular sin renunciar a una exquisita concepción musical.

La Misa Criolla, Su gran obra maestra

Durante la década de 1960 consolidó su idea de “obra integral”, una propuesta artística que articuló música, texto, historia y sentido colectivo. En ese marco surgió la Misa Criolla, compuesta en el contexto de los cambios litúrgicos del Concilio Vaticano II, una obra que integró el texto de la misa con ritmos folclóricos argentinos y alcanzó una difusión internacional inédita. Sobre ese impulso creativo, Ramírez afirmó: “Quise escribir una obra que pudiera ser sentida por todos, más allá de las creencias religiosas”.

La proyección de la Misa Criolla estuvo acompañada por intérpretes fundamentales, entre ellos Zamba Quipildor, quien recordó el carácter convocante de la obra y su dimensión humana y cultural: “La Misa Criolla une a personas de distintas culturas, religiones y clases sociales”. El propio Quipildor, que se despidió de los escenarios el año pasado en el Palacio Libertad interpretando esta emblemática obra musical, destacó también el recorrido compartido con el compositor: “He viajado con Ariel Ramírez y Jaime Torres al exterior durante 28 años”, señalando la trascendencia internacional de ese proyecto artístico.

Otro eje central de su producción fue la colaboración con el historiador y escritor Félix Luna, con quien desarrolló una serie de trabajos que unieron música y relato histórico. Obras como Mujeres argentinasLos caudillos y Cantata sudamericana ampliaron el horizonte del folclore, convirtiéndolo en un vehículo de memoria e identidad. En ese repertorio se inscribe Alfonsina y el mar, una de las canciones más emblemáticas del cancionero argentino, sobre la cual Ramírez llegó a decir: “Esta es la canción que me sobrevivirá”.

Facundo Ramírez, hijo de Ariel, siguió sus pasos en la música

“Mi viejo fue un compositor que marcó un antes y un después, que dejó una obra inmensa, que investigó sobre todas las formas musicales argentinas para proyectarlas a través de sonoridades nuevas y a través de trabajos de investigación con la percusión en el folclore que fueron realmente de vanguardia”, destacó Facundo Ramírez, quien también heredó el oficio de pianista y compositor.

A 16 años de su fallecimiento, su obra continúa sonando en escenarios, celebraciones populares, espacios educativos y producciones discográficas, confirmando su lugar como uno de los grandes compositores de la música argentina y latinoamericana

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